Recurso familias
A veces llevamos dentro frases, etiquetas o experiencias que hemos ido acumulando con el tiempo.
«Soy malo estudiando.»
«Siempre lo hago todo mal.»
«No soy suficientemente guapo/a.»
«A mí nadie me va a elegir.»
«Soy demasiado tímido/a.»
«Nunca conseguiré hacerlo.»
¿Y si muchas de esas frases no fueran realmente quién eres?
La Metáfora de la Taza propone una forma sencilla de explorar esas ideas, descubrir cuáles nos están limitando y volver a conectar con nuestras capacidades.
Imagina que al nacer tienes una taza transparente.
Dentro hay una luz.
Esa luz representa todo aquello que hay en ti: tus capacidades, tus cualidades, tus intereses, tus posibilidades de aprender, cambiar y crecer.
Al principio, la luz puede verse con claridad.
Pero, mientras crecemos, pueden empezar a caer piedras dentro de nuestra taza.
Algunas son frases que escuchamos de otras personas:
«Eres muy despistado.»
«No se te da bien estudiar.»
«Eres demasiado sensible.»
«Siempre estás haciendo el ridículo.»
«Tu hermano es mucho mejor que tú.»
«No tienes talento para eso.»
Otras piedras pueden aparecer después de determinadas experiencias:
Suspender un examen.
Que se rían de nosotros.
No entrar en un equipo.
Que alguien nos rechace.
Compararnos constantemente con otras personas.
Equivocarnos delante de los demás.
Sentir que no encajamos.
Una experiencia difícil puede dejar una piedra.
Y una frase que repetimos muchas veces también puede convertirse en una piedra.
La piedra no es la luz.
Que alguien te haya dicho que eres incapaz no significa que lo seas.
Que hayas suspendido no significa que seas malo estudiando.
Que una persona no te haya elegido no significa que no tengas nada que ofrecer.
Que hayas cometido un error no significa que seas un fracaso.
La luz sigue estando ahí.
Cuando tenemos muchas piedras dentro, puede resultar más difícil ver nuestra luz.
Podemos empezar a pensar:
«No merece la pena intentarlo.»
«Seguro que voy a fallar.»
«Yo soy así.»
«Los demás son mejores que yo.»
«No tiene sentido intentarlo otra vez.»
Y, poco a poco, podemos acabar actuando de acuerdo con esas ideas.
Por eso, el objetivo de esta actividad no es fingir que las piedras no existen.
Es mirarlas, entenderlas y decidir cuáles queremos seguir llevando con nosotros y cuáles ya no necesitamos.
Imagina que intentas sacar todas las piedras de una vez.
Simplemente vuelcas la taza y desaparecen.
Puede parecer fácil.
Pero también desaparece algo importante: la oportunidad de mirar cada piedra y preguntarnos de dónde viene.
Por eso vamos a hacerlo de otra manera.
Una piedra cada vez.
La vamos a mirar.
Vamos a leer lo que pone.
Y vamos a hacernos algunas preguntas.
No para convencerte de que todo es maravilloso.
Sino para comprobar si esa idea realmente merece seguir definiéndote.
Piensa en una frase negativa que hayas escuchado o que te hayas dicho alguna vez.
Puede ser algo relacionado con los estudios, el aspecto físico, las amistades, la familia, el deporte, las redes sociales o cualquier otra situación.
Por ejemplo:
«Soy malo para las matemáticas.»
Escríbela exactamente como aparece en tu cabeza.
No intentes hacerla más bonita.
Hazte estas preguntas:
¿Te la dijo alguien?
¿La has repetido tú después de una experiencia?
¿La has construido comparándote con otras personas?
¿Hay alguna situación concreta que hizo que empezaras a pensar así?
Por ejemplo:
Hecho:
«He suspendido tres exámenes de matemáticas.»
Interpretación:
«Soy incapaz de aprender matemáticas.»
No significan lo mismo.
El primer enunciado describe algo que ha ocurrido.
El segundo convierte una experiencia en una definición sobre ti.
Busca también las excepciones.
¿Alguna vez te ha salido bien?
¿Hay algo relacionado con esa materia que sí entiendas?
¿Has mejorado alguna vez?
¿Alguien ha visto una capacidad en ti que tú no reconocías?
Imagina que tu mejor amigo te dice:
«Soy tonto porque he suspendido el examen.»
¿Le responderías que es tonto?
Probablemente no.
Entonces, ¿por qué utilizamos con nosotros mismos palabras que nunca utilizaríamos con alguien que queremos?
No se trata de pasar de:
«Soy un desastre»
a:
«Soy perfecto.»
Eso probablemente no resultaría creíble.
Se trata de buscar una frase más justa y más realista.
Por ejemplo:
«Me cuesta organizarme, pero puedo aprender a hacerlo mejor.»
«Este examen me ha salido mal, pero eso no determina mi capacidad.»
«Soy tímido en algunas situaciones, pero puedo aprender a relacionarme con más confianza.»
«No se me da bien todavía, pero puedo mejorar.»
La palabra «todavía» puede cambiar mucho una frase.
Pregúntate:
¿Realmente no tengo capacidad para estudiar o todavía no he encontrado una forma de estudiar que me funcione?
¿Estoy comparando mis resultados con los de otras personas?
¿Hay alguna asignatura o tema que sí consiga aprender?
¿Qué podría hacer diferente la próxima vez?
Pregúntate:
¿Soy tímido en todas las situaciones o solamente en algunas?
¿Con qué personas me siento más cómodo?
¿Alguna vez he conseguido hablar aunque me diera vergüenza?
¿La timidez es una parte de mí o una característica que puedo aprender a gestionar?
Pregúntate:
¿Estoy utilizando mis propios criterios o los que veo constantemente en redes sociales?
¿Mi valor depende realmente de mi aspecto?
¿Qué cualidades mías no tienen nada que ver con mi físico?
¿Qué personas me hacen sentir valorado por cómo soy?
Pregúntate:
¿Es realmente «nadie»?
¿Hay alguna persona con la que sí me siento cómodo?
¿Estoy confundiendo una situación concreta con toda mi vida?
¿Qué podría hacer para acercarme a personas con las que comparta intereses?
Pregúntate:
¿»Siempre» significa realmente siempre?
¿Cuándo fue la última vez que hice algo bien?
¿Qué cosas hago que quizá doy por normales pero que también son capacidades?
¿Estoy valorando mis errores más que mis aciertos?
Pregúntate:
¿Qué cosas me interesan aunque todavía no sea bueno en ellas?
¿Qué actividades puedo hacer durante mucho tiempo sin aburrirme?
¿Qué me suelen pedir otras personas porque saben que se me da bien?
¿Qué podría llegar a aprender si practicara durante un año?
Cuando hayas reflexionado sobre una piedra, intenta escribir una frase nueva.
No tiene que ser una frase positiva.
Tiene que ser una frase más justa contigo.
Por ejemplo:
Antes:
«No soy capaz de aprender idiomas.»
Después:
«Me cuesta aprender idiomas, pero puedo mejorar con práctica y encontrando una forma de aprender que me funcione.»
—
Antes:
«Soy un fracaso.»
Después:
«He tenido experiencias en las que las cosas no me han salido bien, pero eso no define todo lo que soy.»
—
Antes:
«No tengo amigos porque hay algo malo en mí.»
Después:
«Ahora mismo no tengo las relaciones que me gustaría tener, pero puedo conocer personas nuevas y construir vínculos poco a poco.»
Ahora viene una parte igual de importante.
No basta con quitar piedras.
También tenemos que aprender a ver la luz que ya estaba ahí.
Piensa en tus capacidades.
No solamente en las cosas en las que eres «el mejor».
También cuentan las pequeñas cosas.
Quizá sabes escuchar.
Quizá tienes paciencia.
Quizá eres bueno haciendo reír a los demás.
Quizá eres creativo.
Quizá no abandonas fácilmente.
Quizá sabes explicar cosas.
Quizá eres curioso.
Quizá eres responsable.
Quizá se te da bien arreglar cosas.
Quizá tienes imaginación.
Quizá sabes trabajar en equipo.
Quizá eres una persona en la que otros pueden confiar.
Quizá todavía no has descubierto cuál es tu mayor fortaleza.
Y eso también está bien.
Completa las siguientes preguntas con ejemplos concretos.
Pueden ser cosas relacionadas con los estudios, el deporte, la música, los videojuegos, la tecnología, las relaciones, la creatividad, organizar cosas o cualquier otra área.
Piensa en algo que tus amigos, familiares, profesores o compañeros hayan destacado alguna vez de ti.
No importa si parece pequeño.
Superar una situación difícil también demuestra capacidades.
Piensa en cualquier cambio.
Puede ser académico, personal, deportivo, social o relacionado con una habilidad.
A veces nuestros intereses nos dan pistas sobre nuestras fortalezas.
No todo tiene que ser una capacidad que ya poseas.
La luz también representa el potencial que puedes desarrollar.
Ahora crea tu propia taza.
Escribe entre 1 y 3 ideas que ya no quieres que te definan.
Por ejemplo:
«Soy malo estudiando.»
«No soy suficientemente bueno.»
«Siempre fracaso.»
«Soy demasiado tímido.»
Para cada piedra, escribe qué has descubierto al cuestionarla.
Por ejemplo:
«He suspendido, pero también he aprobado otras veces.»
«Me comparo demasiado con otras personas.»
«Esta frase la escuché tantas veces que terminé creyéndola.»
Escribe al menos 5 capacidades, cualidades o fortalezas que reconoces en ti.
Pueden ser grandes o pequeñas.
Lo importante es que sean reales.
Termina esta frase:
«Una cosa que todavía no sé hacer, pero que me gustaría aprender, es…»
Recuerda:
No saber hacer algo todavía no significa no poder aprenderlo.
Mira ahora las piedras que has escrito.
Y mira las palabras que has utilizado para describir tu luz.
Pregúntate:
Y después:
No tienes que responder perfectamente.
Lo importante es empezar a hacerte preguntas diferentes.
Tus experiencias forman parte de tu historia.
Pero no todas tienen que convertirse en una definición de quién eres.
Una mala nota no es tu identidad.
Un rechazo no es tu identidad.
Un error no es tu identidad.
Una opinión sobre ti no es tu identidad.
Una dificultad no es tu identidad.
Las piedras pueden pesar.
Pero la luz sigue estando ahí.
La pregunta no es qué piedras tienes.
La pregunta es cuáles quieres seguir llevando y qué quieres empezar a descubrir sobre la luz que hay dentro de ti.
No eres solamente lo que te ha pasado. También eres todo aquello que puedes aprender, construir y llegar a ser.
Esta actividad puede realizarse individualmente, en parejas o en grupo.
Es recomendable que el alumno pueda decidir qué experiencias personales quiere compartir. No es necesario que exponga delante del grupo situaciones que considere privadas.
El objetivo no es obligar al estudiante a sustituir pensamientos negativos por afirmaciones positivas, sino ayudarle a diferenciar hechos de interpretaciones, cuestionar etiquetas rígidas y reconocer capacidades reales y posibilidades de desarrollo.
Si durante la actividad aparece un malestar emocional intenso o el alumno expresa que necesita ayuda, la dinámica debe detenerse y seguirse el protocolo de acompañamiento correspondiente del centro educativo o del profesional responsable.
La actividad puede complementarse con una segunda sesión dedicada a trabajar las fortalezas, los objetivos personales y las pequeñas acciones que permiten desarrollar el potencial identificado.